

Nuestra historia
Todo comenzó en una estantería, en la mente y el corazón del reverendo Gary Jones. La estantería estaba justo al lado de la puerta del salón parroquial de la iglesia episcopal de San Andrés en la avenida Woodin. En los estantes se apilaban arroz, frijoles y conservas, y se distribuían alimentos según se necesitaban. El reverendo Jones compartió su sueño con otros clérigos de Chelan, y así el sueño creció.
A los dos años de aquel modesto comienzo, se atendió a casi 1000 familias. Cinco años después, la estantería se quedó pequeña y St. Andrews compró el anexo, un pequeño edificio que se convirtió en la sede del banco de alimentos y de las clases de la escuela dominical.
Rev. Gary Jones
A lo largo de los años, dos cosas han marcado la historia del banco de alimentos. La primera es la increíble generosidad de la comunidad al proporcionar alimentos y dinero. Se han organizado colectas de alimentos para niños y particulares han donado dinero. Los jardineros han traído sus excedentes de cosecha y los fruticultores han donado abundante fruta fresca. Los voluntarios han dedicado incontables horas a pedir, preparar y distribuir alimentos. Organizaciones y empresas han encontrado formas creativas de apoyar fielmente nuestra labor.
La segunda constante ha sido la falta de espacio. Desde aquella primera estantería hasta nuestra ubicación actual, el banco de alimentos se ha mudado varias veces. Recordamos con nostalgia «la bestia», una cinta transportadora que construimos para trasladar cajas desde el sótano del edificio Eagles en Woodin Ave, o el local tan pequeño que solo cabían unas pocas personas a la vez.
Una vez más, nuestras instalaciones actuales se nos han quedado pequeñas. Por este motivo, la Junta del Banco de Alimentos de Lake Chelan busca activamente una solución. Estamos ahorrando dinero y buscando un local más grande o un terreno para construir, de modo que podamos ampliar el espacio de almacenamiento y refrigeración que tanto necesitamos. Semanalmente, atendemos a un promedio de 120 familias, lo que equivale a unas 10 000 libras de alimentos. También realizamos entregas a domicilio a personas mayores que no pueden acudir al banco de alimentos. El número de personas que atendemos siempre aumenta durante los meses de invierno. Nuestro espacio actual es simplemente demasiado pequeño para servir y almacenar los alimentos adecuadamente.
A medida que las necesidades de nuestra comunidad siguen creciendo, el sueño del reverendo Jones también se fortalece. Debemos seguir asegurándonos de que quienes más lo necesitan tengan acceso a alimentos saludables y suficientes. Le invitamos a unirse a este legado compartiendo su tiempo, recursos económicos y alimentos. Pronto descubrirá la alegría que supone formar parte de algo tan importante para tantas personas en nuestro hermoso valle.
















